48 horas con ti

Mírame, se que a ti tampoco te gusta

está claro porque nos miramos como si existieran dudas.

Soñábamos tanto que no tocábamos el techo.

y eso nos hacia vernos, de vuelo y sin arreglos.

Pero hoy me miras y me rompo en mil bocetos.

En mil bocetos de los versos que pensé y no escribí

por miedo a perderme el momento.

Por miedo a que eran 48 horas para estar sin ti.

Guíñame un ojo, saltemos por el río y hagámos conjuros

dejemos los cálculos y las brújulas e inventemos el futuro.

Déjame decirte otras mil veces lo que nos unió,

para ver si yo también encuentro cualquier excusa

para fundirnos en dos.

Para fundirnos en dos, en dos razones para quedarnos

Una que cuando me miras me armo,

y dos que cuando te miro te desarmo.

No queremos dormir, no queremos ver la luz…

Esta luz será el despertador que ponga los créditos

que ponga los abrazos últimos y se funda en un horizonte inhóspito.

Pero tu me pides noche, me pides que no haya sol que nos separe

que no haya distancia que nos desanime, ni reloj que nos aprisione

tu me pides que no importe el tiempo, sobre el tiempo

que olvidemos los fantasmas de otros cuentos y que afrontemos vencerlos

que cojamos de golpe el minutero y lo rompamos con la fricción de nuestros cuerpos

Tu lo que me pides es que olvide tanto tormento

y me pare a observar de la lluvia lo bueno,

Que me pare a ver tu silueta en estos versos de amuleto

que te deje conquistarme una y otra vez sin miedo.

Yo lo que te pido es que no te creas lo de que “no se puede”.

Que no te creas las mil mentiras de todos aquellos que opinan;

pero que lloran por las esquinas.

No hagas ni puto caso de esos envidiosos que quieren vernos rotos.

De esos llenos de “te lo dije” y “de ese chico no te fíes”.

Olvídales, síénteme y déjame adentrarme en las dunas de tu cuerpo loco.

Ahora mírame otra vez,  ¿me ves más cerca?

Quizá es porque tu también lanzaste esa piedra

Porque tu también viste conmigo que no hay mal que por bien no venga

y ahora estamos oyendo nuestras canciones favoritas, tirados en la cama

esperando que no sean ni 23 ni 32 ni 48 las horas que pasen, sino que vuelvan a ser ilimitadas.

y Paremos el mundo…

para bajarnos juntos.

y tomarnos la vida a risa…

o en un cóctel sin sombrilla.

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