Hoy te hablo sin palabras

En la ternura de los ojos de los niños, he encontrado la pureza. Hoy te miro como si jugara contigo a hacer castillos en la arena. Como si fueras la misma sentada a mi lado, con nuestras batas a cuadros, sin prejuicios ni más promesas que la de nuestros ojos brillando al entenderse sin palabras. Y cómo niños jugando en la playa;

Mírame, pero mírame sin decir nada.

Hagamos que nuestras plegarias se entiendan, lleguen y se solidifiquen en ganas carnales de cogerte en brazos, subirte a mi espalda e irnos lejos, a otro lado. Hagamos que sea más que un chócala lo que nos una, mucho más que un abrazo de victoria o dos besos cuando nos veamos. Hagamos que el tiempo sea tiempo entre tacto, entre yemas de dedos en constante movimiento por tus curvas, por tus miedos, por tus besos… mirarte a bocados.

Que nuestro peor problema no tenga dueño. Que nuestras tonterías de sobremesa no tengan celos. Que esas cosas que llamaremos monstruos, que llamaremos inseguridades; aquí no tengan techo. Que no nos hacen falta miradas tristes si tenemos las cómplices. Que no queremos palabras que endulcen el momento, si no hay nada más dulce que mirarnos entre besos. Mírame, pero mírame sin rencores.

Mírame por encima de tus posibilidades y por debajo de mis inseguridades. Triunfante, alegre, somnoliento por nuestras noches de desenfreno. No me obligues a llenar de palabras los silencios, ni de silencios los contratiempos. Ayúdame a ver salidas donde veo encierros y déjame que te coja la mano si de repente vuelo.

Mírame, pero mírame des de dentro.

Como si las nubes fueran siempre nuevas, no existieran recuerdos y cada día fuera un día que pintar sin tintas. Cada día te enamoraras de mi forma de cantarte, de escribirte y de llamarte sexy de mil maneras distintas. Cada día fuera un día para descubrirte pura, espontánea, mágica, divina, sin tonterías y punto. Cada día sin prejuicios nos viéramos más atractivos y envejecer no
significaría más que vernos complacernos juntos. Mírame, pero hazlo por encima del contexto.

Cuando nadie lo haga perfecto, cuando las luces se apaguen, cuando llueva y no haya parabrisas en tu alma para tanto buitre. Cuando esté lleno de gente y nuestras miradas se crucen.

Será entonces… cuando te mire y me mires,

nos perdonemos y nos miremos sin decir nada…

como si fuera el principio de mil millones de nuevos versos en telaraña.

Que en el fondo, solo serán palabras sobre palabras,

que hablaran de la inmensidad de una sola mirada.

Mírame, pero mírame sin decir nada.
Mírame, pero mírame sin decir nada.
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