Ayora – Hay más luz 2016 (Review)

52290106_2355635461346506_894396084346945536_nAYORA es el apellido que da nombre a esta banda; el apellido de Guillermo, el cantante y compositor de las canciones que emanan de este grupo de indie-rock, cuyo sonido quiere llevarnos a los años 60’s y 70’s, haciendo crecer una canción de autor a través de los ojos de los demás músicos de la banda.

 

Este disco titulado Hay más luz, nos trae una esencia magenta, blanco roto, #f5f5dc, amarillo-naranja puestadesol. Aunque parezcan colores escogidos sin ton ni son, desdibujan un sendero hacia un sentido profundo del concepto: anochece y amanece.

Ayora Hay más Luz

Esta dicotomía, será el axioma que una las ondas acústicas de canción a canción. Ayora nos define una silueta de pensamientos trascendentes, de noches largas, de mañanas resacosas emocionalmente, de días eternos. Parece que le des al play un viernes, salgas a caminar y vuelvas el domingo a casa después de andar dando vueltas, de la ciudad a la playa.

¿Los discos dibujan imágenes? quizá Ayora no busca imprimir fotografías o colores al componer la música, pero lo consigue. No estamos hablando de historias o sensaciones concretas en una canción, hablamos de una cuerda que enlaza los tracks, que los cruza, los conduce, los acoge: el tiempo entre el ocaso y el alba.

Está claro algo, hay música minuciosamente compuesta. El productor ha trabajado en relación y armonía a lo que propone el artista en acústico. Las influencias quizá difieren, suenan familiares y particulares a su vez, quizá apuntamos a “Vetusta Morla”. No me hagáis caso.

 

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Análisis en profundidad: 

Las palabras nos conducen, las frases nos secuestran pero la música también nos llevará a estas sensaciones. (1) Manhattan, nos sugiere un ruido de ciudad donde el bullicio, el estrés se postulan estresantes, se habla del romanticismo torpe de la ciudad. Una cierta sensación de querer salir, escapar, huir, pez fuera de agua. (2) Debo llamarte o no, parece la pena sobre una persona que lleva horas dando vueltas por una ciudad que le recuerda a que debe realizar cierta llamada, pero seguimos con el tiempo, la melancolía. (2) Vuelvo “ando y mi piel tiembla cuando, impactan mis pies blandos contra el duro asfalto”, continuamos paseando, descubriendo con el artista a donde nos conduce esta nocturnidad diurna, donde volvemos a repasar “amanece y anochece cada vez más pronto” en un continum delirium. (4) Hoy soy Godoy, unas baterías en modo “marcha” nos comunican la fuerza de la unidad, del individuo y de las amistades. Un pensamiento profundo en un momento de tránsito, en un viaje largo: La figura de Godoy. “Príncipe de la paz” por Basilea en 1795, serán las relaciones, las conexiones, serán los caminos. Aunque extraemos también una frase de sus memorias que decía “En mi vida entendí de guitarra, ni de cantar, ni podía acudir a esas habilidades, que no tenía, para sostenerme en la corte.” aunque conserve cierta causalistica, dudo de su relación directa con esta canción, pero me permitiréis el apunte como algo anecdótico.  (5) Froid es un interludio musical que escuchado seguido te está haciendo creer que hay una pausa en el viaje para tocar algo que escapa de ti, de tu inconsciente. Guiño al submundo de Freud o a lo etimológico del latín frío, o quizá a una población de Estados Unidos de apenas 200 habitantes. Un simple atisbo de luz musicada o de creatividad genuina del momento. (6) La Caverna de repente, parece que ha pasado un día, parece que da nombre al disco este track porque repite “hay más luz”, pero sin embargo se llama La Caverna. Acogiéndose a las ideas platonianas sobre los espejismos de lo desconocido cuando la sombra lo oculta, nos desvela de nuevo el binomio: luz-oscuridad del cual se disfraza el disco. El despertar, pero ideológico, moral. 7. Los colores, “La estridente alarma” y la guitarra está sintetizada con un sonido que recuerda un despertador, y no es el primer tema: nos indica que ya nos hemos despertado, pero el día continua. “Una noche bajo un cuadro abstracto; me calma”. Esto es curioso, puesto que nos está abriendo sus gustos sobre la pintura, sobre la expresión de esta y su percepción al contemplarla. Curioso porque es un disco que esconde colores cómo bien menciono al principio (8) Palabras de sabio el viaje está terminando, el despertar ya ha ocurrido, me imagino una playa, un desencantamiento con la vida, con la Caverna, con Godoy e incluso con Froid (sea frío, psicólogo o pueblo), con la idealización de Manhattan y su romanticismo del folklore americano, ese artista de “jungla de asfalto” está ahora escupiendo sobre un referente ficticio, que crea el personaje para demostrarnos su momento actual: aprendizaje. “Del mundo quise huir”, da paso a 9. Mi fin culmen, el personaje ha llegado a un fin en este camino secular, circular y ambivalente. Todo en uno. Las referencias han volado, han surgido, han nacido, se han caído y estamos en un fin que nos regala el hit por excelencia. Este fin cobra doble intensidad y sentido si es contemplado como EL FIN de todo lo concebido, no “mi fin” como algo especial del personaje. Y muy importante destacar que el artista (o el productor) han decidido que el último estribillo que cierra el disco lo acompañe a los coros una voz femenina. ¿Es eso lo que andaba buscando, una mujer? ¿Debe llamarla o no? ¿Ella es la luz? ¿Freud es el inconsciente de alguien a quien quiso sin admitirlo? ¿Ella despeja los espejismos y los monstruos de la Caverna? ¿Es la amante de Godoy, María Luisa de Parma? O mejor aún, ¿es el romanticismo del pueblo Froid dónde probablemente se hacen concursos de hotdogs?Lo dudo mucho, solo quería despistaros.  *Vaya vaya no sabría afirmar si concluye o estaba fuera del disco, pero es un detalle que agradeces. Yo lo traduzco en: quizá no era “su fin”, pero sí el nuestro.

Hasta aquí el análisis en profundidad, ahora quiero desilachar algunas diferencias que tengo con la obra: Letrísticamente me parece lineal, monotemática (que quizá es la gracia dado el camino que hemos mostrado), sin grandes metáforas ni peripecias rimescas o de estructura. No obstante, no es una objeción de desencanto, sino un apunte sobre cómo he sentido dichas letras de las canciones. Tal vez es el tacto buscado, la suavidad encontrada.

En definitiva, AYORA – HAY MÁS LUZ me parece un disco más conceptual de lo que parece sostener de primera mano. No debe tomarse a la ligera. Quizá tampoco debe tomarse con tanta presunción, pero solo son ideas y palabras. O no.

Escúchalo si quieres encontrar colores, caminos, luz y oscuridad. Repásalo si quieres perseguir sus melodías reflexivas y sigue preguntándote si todo lo expuesto es real o no.

Al final solo somos luces y sombras, sombras de monstruos que rompimos con la aplastante luz de una verdad propia.

 

Os dejo a un solo click el poder disfrutar del disco y corroborar lo recogido:

 

spotify

 

 

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