Pasar de los treinta [reflexiones existenciales]

Para mí, pasar los treinta significa tener en la cabeza todo el día, las lavadoras, la compra y todas esas pequeñas cosas que me hacen sentir que vivo para ellas. ¿Sabéis de lo que hablo?

Me he comprado un aspirador nuevo que hace de todo porque el anterior no tenía ese modo especial para las esquinas. Sí. Pues ahora cada filtro cuesta 29 euros si es de marca y 25 por Amazon. Pero claro, no quiero comprar en Amazon porque el planeta y la explotación laboral me importan. Sí, ahora todo eso me importa más todavía.

Cuando no sé que hacer me encuentro absuelto pensando en cosas que me harían la vida más fácil: una cafetera que triture el grano directamente, una freidora de aire, un robot de limpieza, otro de cocina, un satisfayer. Lo típico. Y entonces, cuando ya he perdido una hora de mi tiempo libre (o de mi trabajo) me doy cuenta de que estoy DESEANDO cosas que voy a tener que cuidarlas, como el puto aspirador.

Para mí, los treinta es esa época dónde al año te has gastado más en el dentista que en festivales. Que el dentista te recibe con el datáfono ya. 

También es el momento en que vas al mecánico y empiezas a pensar: ¿cuánto dinero le doy yo a esta gente?, a ver si voy a tener que aprender mecánica… ¿Pero CUÁNDO? Si solo hago que desear más cacharros y organizar mi tiempo para cómo emborracharme y olvidar que no, no he perseguido mis sueños.

Sabéis eso de perseguir tus sueños, ¿no? ¿Esos sueños que la gente dice que cumple? Si hombre, la de tu amigo freelance que se ha ido a viajar por España, que trabaja con su portátil, que apuesta en criptomonedas, ¿conocéis esta categoría social? Pues siento que no soy ese y que cuando esa persona te habla parece que te quiera convencer de que TODOS deberíamos hacer lo mismo.

Pero a mí ya no me engañáis, putos posers adictos a etiquetar la ubicación de dónde estáis. Porque no todos podemos vivir en casa de nuestros padres haciendo dinero para después aparentar tenerlo y viajar por allí con lo acumulado. No podemos hacernos todos ricos a la vez, eso lo tenemos claro, ¿no? Perdonad, es que ahora con 30, solo pienso en dinero cuando no estoy deseando gastármelo. Vuelvo a lo de antes. No podemos hacernos todos ricos porque el rico se hace rico montando empresas, explotando a otros o comprando pisos y explotando a otros de nuevo. Si todos compramos todos los pisos, ¿a quién cojones se lo alquilamos? El concepto de riqueza no es equitativo, en ningún caso. ¿Entonces qué? Seguiré deseando almacenar mi dinero para conseguir esa «deseada» hipoteca.

Ay la hipoteca. Es que me doy cuenta, que estoy deseando endeudarme. Una maldita hipoteca es una cadena de grilletes con el banco y yo lo estoy deseando como sucedáneo de «haber conseguido algo» de que no moriré en la calle. Porque es este paradigma de no tener donde caer muerto y a la vez buscar un techo, es esa superioridad moral con la que saltamos las piernas del sintecho la que nos dice: pronto el banco me dará lo que necesito para no acabar así.

ES SUPER TRISTE JODER. Yo solo quería vivir de hacer arte. Lo juro. Hacía cancioncillas en el instituto y me encantaba poder despertar emociones con ellas, ayudar, sumar, empatizar. Pero cómo voy a hacerme un plan de marketing ahora si únicamente sé que en TikTok a la que te descuidas estás bailando o perdiendo dos horas.

Para mí, los treinta, es escuchar a un adolescente decir que un video de 10 minutos en YouTube es demasiado largo. Que le aburre. Supongo que cuando mi padre leía tebeos, mi abuelo le miraba con esa superioridad moral con la que yo me imagino lo que se pierde ese adolescente por no haber dedicado 3 horas y media a ver el señor de los anillos. Y me encantaría que fueran 10. Pero es una paradoja, porque luego no les importa ver a su streamer preferido hacer un directo hasta las 5 de la mañana un puto martes, sabiendo de sobras que su audiencia son niños y niñas y que yo tenga que escuchar a una familia, entre lágrimas, diciendo que ya no saben cómo prohibirle ver el puto Twitch, porque si se lo quitamos todo nos grita.

¿Eso es lo que queremos? ¿Ver a otros hacer sus malabares y nosotros apoyarles? ¿Qué queremos ver? ¿Queremos ser el que es visto? Poner nuestros horarios, guiarnos por la censura interminable, por los comentarios que se sacan de contexto, no poder ser claros, hablar como un futbolista que tiene miedo a la prensa sensacionalista o con ambigüedades como un político que escurre cualquier pregunta diciendo: vamos a ver, en primer lugar o con otra pregunta para contestar.

Para mí los treinta, es intentar introducir palabras anglosajonas, expresiones gamers, tratar de entender los bailes hipnotizantes y tratar de luchar siempre contra la cultura fastfood, ahora, ya, en seguida. 

Ahora mismo, hacer las cosas despacio es revolucionario, hacer algo artesanal es un milagro y cómo nadie lo tiene, es oro. El tiempo se ha vuelto un bien preciado, pero al mismo instante nadie tiene tiempo ni lo quiere perder, si algo nos aburre: móvil en mano. ¿Sabéis que hay una especie de sensación fantasmal de que te vibra el móvil, pero no has hecho nada? Pensadlo, cuánto hace que no estáis a más de 3 metros de vuestro teléfono móvil o que os dormís y os despertáis y es lo primero que hacéis. 

Ahora mismo, no vivir de tus caprichos, de lo que quieres hacer ahora mismo, es antisistema y no apostar en criptomonedas es contracultura.

Pues que queréis que os diga, para mí, pasar los treinta significa cagarte en todo, pero al menos con experiencia.


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